Hubo una vez una terrible mancha frente a Botnia. Confirmaba el apocalipsis, y por supuesto Radio Máxima dio la alarma. Pero eran desechos de la industria cosmética en el Parque Industrial de Gualeguaychú. Inmediatamente llovió verde, o amarillo. Pero era polen. Ahora, otra mancha y denuncia de una de las piqueteras intoxicadas con cloro cuando no lo hubo.

ALERTA
DENUNCIAN LA APARICIÓN DE UNA ENORME MANCHA FRENTE A BOTNIA
La asambleísta Alejandra Crimella dijo que este jueves alrededor de las diez de la mañana pudo observarse una enorme mancha negra y densa en el río Uruguay, frente a la planta de Botnia. La asambleísta tomó fotografías y realizó la denuncia, aunque se cree que las autoridades de control podrían haber llegado cuando la mancha prácticamente se había diluido.
Radio Máxima, Gualeguaychú, 7/8/2008.
Este jueves por la mañana, una mancha densa y oscura se observó en el río Uruguay frente a la fábrica de pasta de celulosa Botnia. Alejandra Crimella [retenga ese nombre] testigo de lo ocurrido, aseguró que “nunca había visto una mancha así en el río”.
Crimella relató que cuando descubrieron la mancha, si bien la planta “no emanaba humo de todas las chimeneas, sí estaba en funcionamiento”. Supone que “no se sintió olor porque el viento estaba para el otro lado”. Agregó que la mancha estaba “quieta y se iba diluyendo”, y que no pudo percibir exactamente de qué parte de la fábrica salía.
La asambleísta sostiene su testimonio con fotografías que tomó tras la sorpresa de encontrar la mancha en el río, y recordó que días atrás otros vecinos vieron “algo burbugeante que salía a la superficie”. Al respecto cuestionó: “Cómo puede ser que no haya una vigilancia que esté en el lugar para tomar muestras en el momento que se producen estas descargas”.
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Es grave eso de que no haya nadie para controlar, por ejemplo, que “algo burbugeante” salga a la superficie. Si no es la autoridad ambiental, por lo menos algún corrector, alguien que les explique que las burbujas van con jota, y las cosas burbujean también con jota. ¿Habría un buzo sumergido? ¿Se habrá hundido alguno de los piqueteros náuticos y estará ahí, burbujeando sin que nadie lo rescate?
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Alejandra, la más desgraciada del mundo
Por otra parte, hay que reconocer que si alguien tiene mala suerte en este mundo es Alejandra Crimella, la que ahora vio esta otra mancha. Ella fue una de las tres piqueteras que inventó aquella historia de la terrible nube tóxica que salía de la chimenea de Botnia, a 120 metros de altura, y que las intoxicó con cloro seis o siete horas después de que se escaparan unos gramos de sulfuro de sodio, a varios kilómetros de allí y con vientos arrachados en contra. Con tan terrible mala suerte que el polvo que se había dispersado con el viento no tenía ni un átomo de cloro, que no había salido por la chimenea sino desde el piso, y que en el peor de los casos podría haber llegado a 10 o 12 metros de distancia del lugar en que se dispersó (obviamente con viento a favor, no en contra).
La posibilidad de que una persona reciba un rayo es de una en chiquicientos millones, pero en esos programas de televisón sobre curiosidades aparecen a veces los casos de personas que han recibido cuatro, cinco, seis rayos en su vida. La pobre Alejandra Crimella debería buscar alguien que la desengualiche, porque no hay contaminación de Botnia que no la afecte o de la que no sea testigo. Le va a caer un rayo en el momento menos pensado. Y no por mentirosa, sino porque tiene tan mala suerte que es inevitable.
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Inversamente, el que tiene una suerte increíble como periodista es Fabián Magnotta, el showman de radio Máxima. Él siempre tiene la primicia del último desaguisado provocado por las plantas de celulosa.
Fue hace un año cuando todos los medios piqueteros enloquecieron a la pobre gente de Gualeguaychú con la terrible confirmación del drama ambiental: habían divisado una mancha aceitosa típicamente botniana, frente a la planta de celulosa (que todavía no funcionaba, y tampoco era frente sino aguas arriba).
Llegó un momento en que no hubo más remedio que asumir que no se originaba en la planta, y un periodista de Paraná reprochó a sus ¿colegas? que no hubieran ido un paso más allá y averiguaran dónde se originaba entonces. Porque él sí había preguntado, y era de la fábrica Unilever, instalada en el PIG, Parque Industrial de Gualeguaychú que hace honor a su nombre porcino.
Apenas se diluían la mancha y el susto de los vecinos, cuando otros piqueteros denunciaron que sobre Gualeguaychú llovía verde. O amarillo, según las distintas versiones. El mismísimo entonces gobernador Jorge Busti pensó que esta vez sí tenía la gran denuncia y se puso al frente de la cruzada Enloquezca a la gente ya. Con tan mala suerte que la desgraciada lluvia resultó ser polen.
Cualquiera pensaría que Máxima y los demás medios piqueteros tendrían algo más de cuidado antes de vocinglear cualquier disparate. Pero Magnotta postuló que, en la duda, más vale denunciar cosas que no están probadas pero “por ahí son ciertas”. Exponía sus dudas profesionales y éticas a su audiencia respecto a qué hacer con temas “como las manchas en el río y una lluvia extraña verdosa, bueno, este polvillo amarillo ahora, distintas situaciones. Ahora, dónde buscar como ciudad, como vecinos, el equilibrio, ¿no? Es decir, tampoco dejemos de denunciar cosas que por ahí son ciertas, que son extrañas, ¿no?”.
Era cuando un psicopiquetero revelaba su diagnóstico: “Los efectos perjudiciales son aunque no haya una contaminación real, ¿no? Los efectos perjudiciales de la puesta en funcionamiento de la marcha se están dando ahora y se empezaron a dar, haya podido por ejemplo arrojar una sustancia nociva. Son efectos psíquicos. (...) Cada vez se escucha más el discurso que propone salidas del tipo de resoluciones violentas hacia (...) un conflicto diplomático, un conflicto ambiental pero cada vez uno va escuchando más ese tipo de salidas, es una salida en cortocircuito, digamos, una salida fallida. En realidad el conflicto debería resolverse por medios que no sean los violentos”. Y agregaba el entrevistado: “Los chicos en edad escolar tienen una aproximación al tema y tienen una preocupación medioambiental. Hay consecuencias, por supuesto, totalmente indeseables; los chicos están asustados, tienen preocupaciones de tipo muy drásticas. En los chicos esto se juega en términos de enfermedad, de muerte, de cuestiones como definitorias. Muchas veces los chicos dicen: 'Si se instala la pastera yo me voy a ir de Gualeguaychú, yo no quiero vivir acá', piensan que se va a instalar la papelera y eso va a traer la muerte generalizada, etcétera, ¿no?”.
Magnotta postulaba entonces su máxima Máxima: “Más vale el pesimismo”. Y sintetizaba, sagaz: “Ya se está hablando de los efectos perjudiciales de la planta de Botnia, por lo menos en la psiquis. (...) Él aconseja seguir la lucha, no caer en el pesimismo...”, cosa que en realidad el psicólogo no dijo en su entrevista.
Todo ello cuando Botnia no había comenzado a funcionar, y después de dar por cierto que, cuando el viento sopla del sudeste, el río Uruguay corre de Sur a Norte y la contracorriente llega hasta Colón; después de entrevistar con toda seriedad a una señora que afirmaba que desde hacía meses se habían acostumbrado a ver aves muertas y el agua antes transparente ahora era marrón y aceitosa; después de las piqueteras intoxicadas con cloro por culpa de una sustancia que no lo contiene, más las palomas muertas, emigración de las abejas y hasta unas vacas muertas a decenas de kilómetros (que desaparecieron de las noticias tan rápidamente como habían sido titulares); después de las manchas gigantescas provocadas por la fábrica de celulosa pero avistadas decenas de kilómetros aguas arriba; después de la lluvia verde y/o polvo amarillo...
Pero, como si no alcanzara con la demencia que la propia nota acumulaba, en el mismo momento en que se descubrió el verdadero origen de las manchas, los geniales José Pouler y Jorge Trotyl Fritzler descubrieron la verdad oculta.
El primero declaró a APF.Digital: “Las manchas que aparecieron el domingo dicen que es de un componente que se utiliza para la industria cosmética, para perfumes. ¿No será la combinación de esto con lo que sale por las chimeneas el motivo de que no haya aparecido el olor a huevo podrido?”.
Y Fritzler, en declaraciones a El Observador, no descartó que las manchas fueran de Botnia. Al contrario: la fábrica tiene derrames y los tapa echando otras sustancias al río encima, para “disimular” el derrame.