El terror a la contaminación del Mega-Monstruo se demostró absurdo, Botnia trabaja a pleno sin enterarse del bloqueo, los empresarios argentinos pierden tanto o más que los uruguayos, la falta de dragado del río Uruguay también, la gente se hastía de un grupúsculo que ha enfrentado a la sociedad entre “leales y puros” versus “traidores y vendidos”. Los que dieron manija se retraen. Pero se trata de una campaña para desprestigiarlos. Eso se llama paranoia.

En Gualeguaychú aseguran que Botnia está realizando “una campaña para desprestigiar la lucha de la asamblea”
El integrante de la Asamblea Ambiental Ciudadana de Gualeguaychú, José Pouler, no cree que “haya una movida del Gobierno de la Nación para hacer caer el corte de ruta”, sino que opina que la propia Botnia está llevando a cabo una “campaña para desprestigiar a la Asamblea” y para “blanquear la imagen de la pastera” • “La pastera está invirtiendo en los principales medios del país, pero no salen publicidades de Botnia, sino que salen este tipo de notas como la que publicó el diario La Nación”, aseveró a APF.
APF.Digital, 11/11/2008.
“Lo que salió en el diario La Nación fue desmentido por el senador Guastavino”, indicó Pouler.
El asambleísta no cree que “haya una movida del Gobierno de la Nación para hacer caer el corte”, sino que piensa que “atrás de todo esto está la consultora Porter Novelli, contratada por Botnia para manejar la comunicación institucional de la pastera, para blanquear la imagen de la papelera y hacer mostrar ante la opinión pública que la empresa no contamina y que nosotros somos los que estamos equivocados. Quieren desprestigiarnos”.
Luego, José Pouler recordó que “hace meses que venimos denunciando que hay una campaña en contra de la Asamblea Ambiental, y creo que no es casualidad que se hayan dado una serie de sucesos, como la aparición del Movimiento de Rutas Libres, la radio que propuso una especie de plebiscito para preguntarle a la gente si estaba de acuerdo o no con el corte, y la aparición una solicitada trucha en los diarios, entre otras cuestiones”.
Para el asambleísta, “es más que evidente que alguien está trabajando en contra de la Asamblea y está claro que todo viene desde la propia Botnia”.
“La pastera está invirtiendo en los principales medios del país, pero no salen publicidades de Botnia, sino que salen este tipo de notas como la que publicó La Nación”, aseguró, al tiempo que reiteró: “Todo esto forma parte de una campaña de Botnia contra la asamblea”.
Por último, el asambleísta aseguró a esta Agencia que “el corte sigue firme” y que “continuaremos con esta metodología de lucha”.
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La Paranoia
“La paranoia es un término psiquiátrico que describe un estado de salud mental caracterizado por la presencia de delirios autorreferentes”, explica Wikipedia.
“Más específicamente, puede referirse a un tipo de sensaciones angustiantes, como la de estar siendo perseguido por fuerzas incontrolables (manía persecutoria), o ser el elegido para una alta misión, como la de salvar al mundo (delirio de grandeza o grandiosidad, atribuido por algunos estudiosos a determinadas personalidades dictatoriales y gobiernos)”.
Agrega más adelante: “Es un trastorno de tipo crónico, con mayor o menor virulencia ocasional, que se presenta mayormente en individuos de personalidad orgullosa, ególatra y desconfiada. (…) El psiquiatra español Enrique González Duro, en su libro La paranoia (1991), afirma que los factores desencadenantes de esta enfermedad se encuentran muy activos en individuos que presentan un acusado narcisismo y que se han visto expuestos a serias frustraciones, hallándose consecuentemente dotados de una baja autoestima. Esto provoca que se dispare en los mismos el mecanismo natural de proyección, muy estudiado por la psicología, en virtud del cual tendemos a atribuir a otros aquellos impulsos, fantasías, frustraciones y tensiones que nos resultan inexplicables, inaceptables e insoportables en nosotros mismos. ‘El pensamiento paranoide —sigue González Duro— es rígido e incorregible: no tiene en cuenta las razones contrarias, sólo recoge datos o signos que le confirmen el prejuicio, para convertirlo en convicción’”.
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“¿Qué entendemos por salud mental? O mejor, cómo pudiéramos definir la salud mental desde el contexto social”, plantea el psicólogo Fernando Díaz Colorado, Magíster en Filosofía Latinoamericana, de la Universidad Santo Tomás (Bogotá – Colombia). “Para algunos, la salud mental es la ausencia de trastornos psíquicos y un buen funcionamiento del organismo humano. Es decir, un sujeto será sano si no presenta alteraciones psicológicas u orgánicas de importancia que le ocasione una inadecuada adaptación a su medio. (...) Esta perspectiva de salud mental individual hace que el enfoque de salud mental social no sea relevante y el problema se reduce de esta manera a un número muy pequeño de la población, estadísticamente no significativo.
“(…) Sin embargo, es evidente que los problemas de salud mental no son un asunto individual solamente, sino un problema de las relaciones del individuo con los demás; así como también de las diversas relaciones sociales en las cuales el individuo interactúa. La salud mental es consecuencia y forma parte de las relaciones sociales; es el resultado de la satisfacción o agresión a la calidad de las condiciones de existencia de un pueblo o sociedad en particular.
“Desde el punto de vista psicológico, la paranoia se caracteriza por que la persona comienza a girar alrededor de un núcleo central, que es la desconfianza. La falta de confianza, para Marietan, es un problema de fe como fundamento de la creencia; somos personas confiadas: confiamos en nuestro entorno, confiamos en que la rutina que tuvimos a lo largo de nuestra vida se va a repetir hoy, mañana y así sucesivamente. (…) Tenemos confianza en la gente, en nuestra comunidad, en nuestros familiares, en lo que podemos hacer. La confianza es la esencia central de las relaciones sociales, sin la cual la sociedad no podría existir y los grupos humanos se disgregarían.
“Es precisamente esta confianza ingenua la que se cuestiona el paranoide. Para él, no estamos asentados en una comunidad que pueda darle tranquilidad absoluta y las personas que lo rodean pueden ser potencialmente sus enemigos, ya que no son leales o fieles. (…) Si alguien desconfía del sistema de creencias de su comunidad, debe formar su propio sistema para poder darle sentido a su existencia. La persona que sufre paranoia utiliza básicamente un tipo de razonamiento deductivo, que parte del prejuicio victimizante, que lo hace pensar que lo van a perjudicar, lo que hace que interprete las acciones de los demás como humillantes, amenazantes y hostiles; por lo tanto, siempre están a la defensiva.
“La conducta paranoide implica tratar de buscar las claves que revelan las intenciones de los demás. Buscan la segunda intención, la prueba que demuestre que estaban en lo cierto; dividen a las personas entre las que están con ellos y los que están en contra; para ellos no hay términos medios. Evitan la intimidad por temor a dar información que pueda ser utilizada en su contra; por eso, están muy alertas, en una permanente lucha por descubrir el complot y la infidelidad, donde los otros nada ven”.
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El Enemigo
“En la protesta del 29 del mes último, ambientalistas gualeguaychuenses hicieron oír su voz del otro lado del río: ‘La Argentina dice afuera Botnia y afuera Finlandia, terroristas del medio ambiente. ¡Están inaugurando un puerto ilegal!’. No es inusitado que un grupo identifique su interés como el interés del conjunto de la Nación ni que aspire a convencer a todos sus connacionales de esta perfecta identidad. Si se trata de un conflicto que involucra a otro país, echar mano del “recurso de arrogación” suele ser aún más eficaz. Y si el interés grupal puede ser inscripto como la defensa de un valor universal –el medio ambiente sano–, la arrogación es más sencilla aún, sea esa inscripción fundada o arbitraria”.
Así comenzaba un artículo de Vicente Palermo y Carlos Reboratti publicado hace más de un año en La Nación.
Y continuaba:
“Habituados a esas prácticas, cuestionarlas resulta más arduo que remar contra la corriente en las suaves aguas del río Uruguay. En la lógica de hierro de la arrogación, cualquier defensor de una posición diferente se opone al interés de la Nación. No es inquietante si la arrogación es bandera, solamente, de un grupo reducido, por intenso que sea su activismo y por enfáticas que sean sus posiciones. Pero si la demanda es levantada por políticos y poderes públicos ya es otro cantar. Los defensores de posiciones distintas deben atreverse a alzar su voz contra lo que es postulado desde el Estado y por representantes del pueblo como una causa nacional.
“Pero las operaciones políticas de configuración de un interés nacional son cada vez más costosas para las comunidades nacionales que las sostienen. Eso se percibe dolorosamente en las presentes circunstancias.
“Los intentos del gobierno argentino de convertir la postura del vecinalismo en causa nacional no tuvieron éxito. No se logró, afortunadamente, ese objetivo de este lado del río, pero sí van camino de conseguirlo del otro lado, sí han envenenado mucho los vínculos argentino-uruguayos, sí han contribuido a erosionar la precaria integración.
“Los principales daños no son los de corto plazo: impacto económico y social de los bloqueos contra uruguayos y argentinos, persistencia de un clima absurdamente enardecido en las relaciones bilaterales, pérdida de oportunidades de emprendimientos conjuntos muy convenientes. Los peores daños potenciales residen en los peligros de largo plazo: desaprovechamiento definitivo de las ganancias de escala que acarrearía la cooperación ambiental, económica y comercial en el sector productivo forestal-papelero; creación de un diferendo político y diplomático crónico, que llena las relaciones argentino-uruguayas de mutua desconfianza; incidencia del conflicto en un eventual proceso de disgregación del Mercosur. Y el peor de todos: que por primera vez un conflicto entre uruguayos y argentinos adquiere encarnadura social y cultural, convertido en una ‘causa nacional’ que intoxica a jóvenes generaciones y proporciona alimento nuevo a los sempiternos nacionalismos”.